El "ser" consecuente...

El ser consecuente es una afirmación bastante paradójica a mi parecer y esto por que la idea nace con el germen de su propia destrucción incluido, es así en la medida que el concepto de "consecuencia" esta determinado por el verbo rector ser (pongan atención en el hecho que destaque la palabra determinación) y eso no es casualidad pues para hablar de consecuencia en los actos de un hombre (ser) debemos hablar primero del constituir qué guía esos actos en el tiempo o sea del ser a secas y cómo este llega a definirse o determinarse para luego hablar ya con propiedad de una prosecución de ese ser que puede mantenerse prolongando su similitud en el tiempo u oponerse en busca de una nueva determinación… Se que suena a trabalenguas pero e ahí el problema en cuestión por ejemplo ¿Qué ocurre si ese ser se falsea a si mismo?, si nunca accede con voluntad, consciencia y libertad a su constituir, si sólo es una mera representación o reflejo de una voluntad que se le impone por medio de alteridades externas que lo subyugan, alejándolo de la autodeterminación y el libre proseguir, o sea si atendemos a ideales absolutos en un claro platonismo que divide al mundo en realidades inteligibles y rectoras y realidades sensibles que deben ajustarse al orden de las primeras o sea, verdades ulteriores como patria, sociedad, civilización, religión, Dios o economía, ese ser se vuelve una marioneta o instrumento de un concepto valórico o una suma de axiomas y por ende se halla falseado de si mismo; alienado en principio y por tanto consecuente sólo con lo ajeno; con las ideas que lo rigen.

Entonces estamos ante un ser falsamente consecuente, que lo único que permite es la consecuencia y perpetuidad de ideas que lo niegan. Parafraseando a Hegel en un sentido inverso, nos hallamos ante un hombre alienado por la idea, y no una idea absoluta representada a medias por una realidad imperfecta. La dialéctica en el universo humano es por tanto inversa a la planteada por este filósofo. Lo principal es el ser biológico "existencia material" y la idea, cualquier constructo derivado de su evolución racional, lo secundario lo cultural en otras palabras. El problema ocurre cuando estas ideas se superponen a su existencia como esencialidad absoluta. En tales casos, se niega al verdadero ser, matando a lo biológico, absurdo, caótico y natural.

Y es que nuestra filosofía occidental le debe demasiado a Hegel y por ello estamos ante una ontología idealista, dominada por las instituciones y el organicismo colectivo, alejados del ser verdadero e inmanente; el que en sentido opuesto se podría constituir pero con relatividad y de esa manera, no tendría por que la humanidad entera abrazar servilmente
el esplendor griego socrático-platónico; y ser consecuentes simplemente con la negación del "yo" a favor del abstracto "ellos" o en el mejor de los casos ponderando el ingenuo "nosotros".

Entonces de que podemos hablar hoy como especie, como realidad humana, según creo, solo nos poemos remitir a una consecuencia decadente como alineación y destrucción del sensible yo. Consecuencia única a la que el hombre podrá aspirar sino conquista grandes terrenos, volviéndose arquitecto de su propia moral, legislador y dueño de su destino y porvenir y en un caso más extremo y lapidario, si no alcanza jamás el dominio de su propia lengua, la cual le es ajena desde su origen, con todo lo que semejante arbitrio conlleva.


Paz yo me borro…
DANIEL ROJAS PACHAS.

Comentarios: 4

Enviado por: [Cristian (Beckman)] | Sábado, 8 Septiembre 2007 23:21:49 GMT

 A mi parecer, la reflexión que trae como consecuencia pensar que los "ideales" (ideales no como el sentido corriente, sino como las ideas-paradigma-sistema que uno tiene en la cabeza) son titiriteros de los seres humanos son de cuidado. Ojo que los aportes de Hegel vistos desde el positivismo lógico son mera palabraría filosófica o paja mental. Si nos vamos a la trinidad hegeliana: Arte, religión y filosofía, y nos remitimos al último estado en la fenomenología del espirítu, los ideales del ser humano se caen antes las evidencias y conclusiones filosóficas del día de hoy.

La verdad, la consecuencia va tomado de la mano a un relativismo casi terrorifico, pues hay que ilar muy fino, de ahí que sea tema poco frecuente visto en serio, y muy tocado en el sentido superficial. Los actos y su magnitud vistos en la consecuencia del ser deben ser apreciados desde el punto de vista del sujeto en cuestión y no del filósofo. Pues primero, antes que la consecuencia, debe caerse en la cuenta de la toma de conciencia... en tal caso, se dispara la consecuencia, no antes, ni después.

La ética pasa a ser aquí, algo que es punto y aparte.
Lo mismo para el bien y el mal.

Eso pienso... hasta ahora.

Paz, no me borro pero me marcho hasta otra ocasión.

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