Somatismo por Daniel Rojas P.






Sobre el “Somatismo o movimiento somático” y la necesidad de ser en movimiento.




Soma: totalidad de la materia corporal de un organismo vivo / adjetivo ambiguo utilizado para describir lo indescriptible.





La existencia es una sola, una nada universal compuesta de múltiples nadas, entes vivientes entre los cuales se encuentra la realidad humana esa nada capaz de captarse a si misma y a su entorno, por tanto ella además de ser una nada (necesidad vital, posibilidad infinita) carga con la necesidad de ser, una conciencia (necesidad de conocimiento, de verdad / capaz de captarse a si misma y definirse luego del impulso vital; absurdo y sin sentido). Sin embargo la realidad humana en el predominio de este ultimo componente ha olvidado el origen de dicha capacidad, se ha entronizado por encima de las otras existencias y la razón, su razón. Un simple instrumento o consecuencia de nuestro vitalismo, se ha impuesto más allá de su principio sin márgenes y límites, procurando encerrar en un feudo seguro, el sin sentido inherente.



En esa tarea lógica y racionalista hemos descuidado la propia sujeción, que como nada y ser, tenemos a la nada universal, ese componente vital indefinible, libre de toda esencialidad, caótico, irracional e irreductible cuya única esencia es la existencia misma, o sea la vida con todo lo que esta conlleva.


El somatismo en tal medida, como prolongación del cinismo de Diógenes, el empirismo de Hume, el nihilismo Nietzscheano, el existencialismo francés, la critica postmodernista y el pragmatismo norteamericano, busca recavar en las más potentes y fecundas líneas del pensamiento humano y configurar desestructuras y formas potenciales de creación y actuar, dotadas de miradas periféricas pero presentes en el devenir pese a su escamoteo y elusión.




Omisiones privilegiadas por la realidad ficcional que aceptamos en virtud de la doxa y el control o disciplina como oficial e inamovible. Imposibilidades de tipo artificial que no sólo podemos sino que estamos llamados a remover y sin lugar a duda mutar y encauzar desde el conspicuo yo al solidario nosotros (ínter subjetividad) Al desmitificar los iconos, símbolos y en última medida, los discursos culturales de mesura, moral, cortesía y autoridad, aceptando a la par del orden, el otro orden, la violencia innata, la ambigüedad de los géneros y dogmas, la escatología, el caos de las decisiones, la frustración, la ironía y cinismo, la imposibilidad de la comunicación, el dilema de la alteridad interna y externa y en el caso máximo de la realidad humana, que cómodamente abrazamos o dejamos de mala fe nos aplaste, podemos señalar las posibilidad libre y rizomática que acepta su nada, su sin sentido y absurdo enajenando la conciencia y sus objeciones de cualquier esencialidad o represión, configurándose en tal medida como una poderosa fuente vital que consciente de su angustiosa libertad desamparo y precariedad o finitud, podrá darse un sentido univoco y personal en la única antinomia veraz y no por eso reductible pero si perceptible en un intuitivismo de autocomprensión. La de nada y ser que se libra para si hasta la imposibilidad posible. Correlato de la nada, de la eterna indeterminación que pone fin a cualquier momentáneo y fugaz definir.




La barrera a destronar, será nuestro devenir histórico (progresión del inconsciente colectivo perpetuación de la existencia y vitalismo, en forma de esencialidades, labor realizada por el componente de la realidad humana que requiere ser y que por tanto al someter ideológicamente al universo construye realidades oficiales y verticales, siendo la más determinante de estas, la del hombre, situado claro entre otras categorías, roles y jerarquías)




Dichas jerarquías son producto de ese quehacer con que hemos derribado y erigido estructuras, esquemas de poder orden y control que nos atraviesan y dividen (ocurre esto al sacramentalizar y mitificar necesidades priorizadas por encima del autoconocimiento) de esta manera insistimos en que por miedo al componente ilógico, se han modificado las condiciones que rodean la existencia, dotando a numerosas esencialidades de espíritu, fuerza coercitiva y voz.




Sin embargo hay que recalcar que la existencia pese al descrédito de las sociedades y demás arbitrariedades del hombre, no se ve afectada por esta más que en la constitución de este planeta y en la preservación y lamentable pervivencia que hemos dado a otras nadas o entes vitales como los animales, las plantas y en general el completo ecosistema, empero más allá de cualquier componente ecológico, visión esencial del hombre para retomar parte física del componente vital que compone la vastedad de la nada universal.




Las disposiciones irreductibles de la nada incluyen en su continuo caos y movimiento, la destrucción de este minúsculo planeta que en nada afecta a la nada (el uni-verso). El mayor perjudicado al sostener guerras hambrunas o carreras armamentistas es la propia realidad humana y su entorno mediato. La inmediatez e infinitud mantienen incólume a la potencia universal. Ante lo cual podríamos aseverar incluso que la conciencia autodestructiva o inconciencia del hombre que atenta contra su propia existencia, es sólo parte del caos pleno e irracionalidad que también forma parte de esa existencia plena o nada universal que todo abarca y todo define en su indefinibilidad y movimiento. O sea el soma en su predominio hasta que el tiempo somático apague sin razón tal como comenzó, su voz y luz…




Daniel Rojas Pachas

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